El cambio de visión cuando estudias pedagogía

Cuando decidimos estudiar la carrera de pedagogía, mis compañeros y yo habíamos pasado antes por otras decisiones que nos alejaban de esta. Todos queríamos ser profesores, psicólogos o incluso educadores sociales.

Sin embargo, la vida nos llevó a nuestra realidad, una realidad que nos acompañaría muchos años. Nuestras notas no eran suficientes para estudiar la carrear que siempre habíamos deseado.

Nuestra primera decisión por entonces era estudiar aquello que más se asemejaba. Y esa era la carrera de pedagogía, una titulación para la que únicamente nos solicitaban sacar un cinco de nota media entre lo que conseguimos en la PAU y el bachillerato.

Aunque muchos de nosotros entrabamos con una nota de seis o más, no nos esperábamos quedar fuera de las plazas de magisterio. Lo triste de esta noticia que tenemos que dar en casa es que íbamos a optar por otra carrera que a priori, se le parecía. Al fin y al cabo, estaba en la facultad de educación.

LA PEDAGOGIA DESDE DENTRO. PRIMEROS DIAS.

Aún recuerdo el primer día de clase. Nos recibía un profesor que no tenía ningún tipo de pudor al decirnos que éramos emigrantes de carrera. Que ninguno de nosotros queríamos estar allí, pero era lo que nos había tocado. Por ello, aunque solo fuera un año debíamos responder a las expectativas académicas del momento.

Nos hicieron levantar la mano para ver de qué carrera veníamos rebotados. Empezó por los de psicología, luego siguió con los de magisterio de infantil, la gran mayoría, después los de magisterio de educación física, tan solo nosotros. Finalmente acabo pidiendo que se manifestaran aquellos que venían reportados de magisterio de primaria.

En una clase de 90 alumnos, únicamente 3 habían permanecido sin levantar la mano. El profesor, les dijo que serían los primeros en abandonar. Pero no se quedó ahí, nos dijo que de los 90 tan solo llegaríamos al último curso unos 20. Nos metió el miedo desde el primer momento, pero lo hacía con causa y conocimiento.

Los siguientes días, comenzaron a presentarse más personas, más profesores. Todos ellos con su frase más que repetida… Todos nos llamaban rebotados de magisterio o de psicología. Tenían el discurso muy aprendido, pero con mucho conocimiento. Sin embargo, nada era tan malo como lo que nos estaba a punto de ocurrir.

La llamada asignatura hueso la impartía una profesora que pensaba que todos nosotros éramos muy malos estudiantes, y que solo la aprobaría aquellos estudiantes que seguirían en la carrera de pedagogía. Sociología de la educación era una asignatura que nos traía de cabeza. Pero, el resto eran asignaturas que poco a poco fueron llenando huecos en nuestros corazones defraudados.

EL CAMBIO DE PERSPECTIVA.

Solo teníamos que mirar a nuestro alrededor para ver las malas caras de muchos de nuestros compañeros cuando el profesor de historia de la educación o el de teoría de la educación impartían sus clases. Tres de cada cinco eran felices, los otros dos miraban atentos, pero tampoco se entusiasmaban.

Sin embargo, el que tiene un corazón docente, que vibra por la educación, acaba cambiando su semblante al ver cosas que probablemente le servirán en el futuro. Al fin y al cabo, pedagogía y magisterio comparten ámbito.

Las asignaturas de pedagogía se fueron convirtiendo cada vez más en un centro de interés. Todos aprobábamos, incluso el hueso de sociología. Sin embargo, en segundo más de la mitad de la clase había abandonado pedagogía. Quedábamos 45 personas a los que esta carrera nos había enamorado. Otros esperaban acabar segundo para poder promocionar a magisterio.

Al llegar al último curso quedábamos unos 30 alumnos, pero aprobando y deseando tener más conocimientos de pedagogía. Se había convertido en algo especial. La pedagogía había penetrado en nuestros corazones. Un posible profesor de educación física se enamoró de la pedagogía, sin más.

¿QUÉ PASÓ AL FINAL?

Al finalizar la carrera, la pedagogía se había convertido en un estilo de vida. Comenzamos a tener nuestras experiencias, sobre todo con colectivos vulnerables. Personas de la tercera edad, personas que estaban en paro o incluso que acababan de salir de la cárcel y buscaban una formación que le permitiera abandonar la delincuencia.

Es una profesión que nos encanta y no cambiaríamos por ninguno de los magisterios. Nos ha enamorado y pensamos que es lo único que puede cambiar la educación actual. Los pedagogos somos el futuro y debemos aprovecharlo.

Si estas empezando la carrera de pedagogía y sientes que no es tu lugar, te recomendamos que sigas el camino. La pedagogía en algún momento te tocará el corazón y estarás muy orgulloso u orgullosa de ser pedagogo.

Nosotros comenzamos siendo personas que amaban la educación física, y acabamos siendo personas que quieren un mundo educativo mejor, un grupo de pedagogos que luchan por cambiar el sistema educativo desde dentro.

Por ello hemos creado la mejor web educativa del mundo, Pedagogía Millennial. Con ella cambiaremos el mundo, y seguiremos mejorando la educación desde nuestro teclado.

A ti te recomendamos que nunca abandones la pedagogía, porque es la mejor herramienta para cambiar algo, aunque sea lo más mínimo. En educación no solo el docente propicia el cambio, el pedagogo es el que lo hace realidad.

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